Facebook más allá de Facebook
Facebook ha alcanzado la cifra de 1000 millones de usuarios activos y este número ha significado un día especial para todos aquellos que están detrás de la red social. Quizá no tanto para sus propios usuarios, que están más enfrascados en el día a día y utilizan la plataforma como un medio de interacción con sus propias redes más que interactuar con la propia red misma. Un simbólico detalle de nuestros tiempos que quizá no se le pasará a Slavoj Zizek o Richard Sennet o Jaron Lanier.
La red, en todo caso, celebró la fecha no solo con una conferencia de prensa sino también con un comercial: el primer anuncio oficial de la compañía, en realidad, un video que ha alcanzado la modesta cifra de 135 mil «me gusta» en la página de Facebook (comparada al motivo de la celebración, los 1000 millones de personas) y solo 332 reproducciones en la página oficial que la compañía tiene en Youtube.
A la gente, simplemente, le importa muy poco la fecha quizá porque implique un temor colectivo detrás: a más personas, mayor peligro; a más usuarios, menos privilegios. Curioso caso de una red que surgió como un servicio de aspiración y élite (era un club-producto de Hardvard) y que aprovechó esa marca de nacimiento para expandirse por toda Norteamérica y el resto del mundo. Y curioso caso también que después de ocho años haya salido recién el primer comercial oficial, muestra de que Internet es un fenómeno que no necesita (y nunca necesitó) de canales tradicionales.
¿Y el anuncio? Circunstancias de la vida, parece haber sido poco convincente para algunos (los pocos) que tienen interés en qué dice la red social (el Gran Hermano) en momentos especiales. «Facebook es una silla», confiesa esa femenina voz del anuncio que en el fondo es la voz de Facebook, un llamativo acto de autoreconocimiento público. Es una silla que a su vez es muchas sillas que a su vez es toda la gente. Pero Facebook también son los «timbres, aviones, puentes», oímos. En perspectiva, es todo una autoreflexión en el que el espejo de Facebook refleja no la plataforma sino rostros, millones de caras y situaciones y nada de lo que realmente es Facebook (por detrás).
Y aquí, como comenta Lance Ulanoff de Mashable, el problema: «El vídeo elegíaco y evocador no muestra una sola computadora. De hecho, la única tecnología vista es una pantalla plana en una sala de conferencias, el marcador en una cancha de baloncesto y un teléfono de la década de 1950. No hay teléfonos inteligentes, tabletas, no hay computadoras, ni televisores de alta definición, nada».
Para Ulanoff habría sido más atractivo evitar la metáfora sentimental este-es-nuestro-hermoso-mundo (tan usada hoy por publicistas, a decir verdad) y mostrar más bien a la propia gente de Facebook trabajando en busca de un mejor Facebook. Y tal vez, creo, no le falte razón. «Me hubiese gustado tratar de humanizar y conectar a la audiencia con las personas con las que confiamos nuestros más profundos pensamientos, deseos, imágenes y videos», señala Ulanoff en el papel de publicista. «Facebook no es una interfaz sin rostro de interfase azul y negra que se chupa nuestros datos personales y escupe nuevos posts y “me gusta" a un ritmo alarmante. Es un lugar dirigido por personas como tú y como yo. Es importante porque a la gente detrás le importa».
El caso está en que quizá para la propia gente de Facebook ya no se trate de personas sino más bien de ese Ente que almacena los pensamientos y manifestaciones de la humanidad. Para ellos habría sido erróneo personificar Facebook porque Facebook ya no puede ser personificable. Es el gran libro de la historia de la sociedad y a su vez el Gran Hermano (curioso dato el de una ex empleada que confesó que a inicios de Facebook solían entrar a los perfiles de los usuarios y elaborar encuestas sobre quién era el más guapo de la toda la red).
Y el caso con este anuncio es que parece reafirmar esa idea de que Facebook no es solo una red social. Guarda toda nuestra actividad -el pulso diario de nuestra vida- y está más allá de cualquier encarnación física. Por eso es que no vemos allí a la gente que toma las decisiones sobre el futuro de la plataforma ni ningún objeto tecnológico y ni siquiera usuarios compartiendo sus situaciones en la red. Ulanoff cuestiona el carácter publicitario del anuncio, pero quizá obvia que eso es precisamente el propósito de Facebook: afirmarse como esta nueva dimensión en el que todo es y todo se guarda y nada se elimina; aspira a ser el libro de la historia: es el chupón- aspiradora que rearticula los objetos y por tanto un teléfono de la década del 50 como una cancha de baloncesto es Facebook.
«Facebook no es una silla, o un timbre o una pista de baile», recrimina Ulanoff. «Es la primera red social verdaderamente global, una conversación extensa que involucra a una séptima parte de la población mundial. El objetivo de Facebook no es ser misterioso, sino más accesible y atractivo para las restantes 6 mil millones de personas».
Accesible y atractivo, sí. El objetivo de Facebook es abarcar toda la humanidad. Y también encerrarla (por eso, cuando uno quiere eliminar su cuenta, solo puede desactivarla; toda tu información queda suspendida, en un stand-by o awaiting-for-your-return; la opción del arrepentimiento, la seducción del retorno, la insinuación del goce). Facebook nos hace creer que tenemos el control, aunque no lo tenemos. Por eso el misterio está allí, y siempre lo estará: Facebook ahora es ese ente que, como señala al final el anuncio, nos muestra que no estamos solos en el universo.
Alguien siempre te vigila, alguien siempre está allí, aunque tú no lo veas ni sepas quién.
Quizá sea Facebook.