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El concierto de Grooveshark

Publicado: 2012-01-29

Si le preguntas a Josh Greenberg cómo comenzó todo, es posible que sonría, guarde silencio un instante y comience a contarte una anécdota de su niñez. Estaba en segundo de primaria cuando, sin ninguna razón de por medio, se puso a coleccionar conchas de la playa. Cuenta Greenberg que cuando volvió a su casa no solo se dedicó a colorearlas sino que, mientras acompañaba a su mamá a realizar diligencias, ofreció una de las conchas al encargado de la estación de gasolina. "Le pregunté si me compraría una, y lo hizo, me dio un centavo". Sorprendido, tal vez intrigado, Greenberg comenzó a coleccionar y colorear más conchas de mar. Y muy pronto, confiesa, logró llenar una jarra con centavos de dólar. "Yo realmente no sé qué me motivaba hacer eso", agrega. "No era un tema financiero; no había un hambre por el dinero. Supongo que era disfrutar el proceso de crear valor".

Hoy Greenberg es cofundador de una de las plataformas de música más visitadas en Internet. Grooveshark recibe más de 35 millones de usuarios mensuales, consume más banda ancha que la mayoría de ISPs de Estados Unidos y forma parte de la selecta lista de Time: en el 2010 fue considerada una de las 50 mejores webs del mundo. Greenberg planea ahora expandir las instalaciones de Grooveshark a otros países y sortear los obstáculos y la incertidumbre que le ha generado golpear las imponentes estructuras del negocio musical: debe afrontar una multimillonaria demanda de Universal Music por violación de derechos de propiedad intelectual. ¿Mal augurio? Quizá no. Más allá del litigio, que cualquiera podría relacionarlo con otros similares hechos a Napster o Megaupload, Greenberg suele ser enfático en señalar que su modelo es diferente y que incluso el inicio de su proyecto fue combatir la piratería.

"Fue mi socio de Grooveshark, Sam, quien me pinchó la idea de revolucionar el negocio de la música y competir con la piratería ofreciendo un mejor producto", asegura Greenberg, cuyo modelo nació simplemente de observar el mercado digital de entonces y formular preguntas básicas como qué pasaba si hacían obsoleto el concepto de descargas. "Nosotros miramos sites como Youtube y obtuvimos un montón de inspiración", señala. "Para entonces pensamos en todos los sitios centrales de contenidos de Internet". Fue a raíz del análisis sobre las plataformas de esos años (Grooveshark fue lanzado el 2006), que se dieron cuenta de que había una ausencia notoria en cuanto al formato de música en línea y de que no había ningún servicio que llenara esa necesidad. Si uno deseaba fotos de manera inmediata, por ejemplo, consultaba páginas como Flickr o Google Images; si uno quería videos, iba a sites como Youtube o Hulu. "Pero si tú pensabas en música", dice Greenberg, "no había un lugar a dónde ir". Fue así que nació Grooveshark.

El gran reto, y la filosofía detrás de la nueva compañía, radicaba en obtener una cuota del mercado pirata, un amplio espectro que las compañías de descarga legal ignoraban o desestimeban para entonces. Para ello analizaron cómo trabajaban sites como iTunes y Rhapsody, qué hacían bien y qué mal. "Nosotros nos dimos cuenta de que no era imposible competir con la piratería de manera gratuita", confiesa Greenberg. "Vimos que todas estas diferentes compañías estaban compitiendo por un delgado pedazo de la torta y que el dinero no estaba en crear un mejor iTunes o Rhapsody, sino en tomar 1% o 2% del mercado de la piratería; de esta manera seríamos más grandes que iTunes y Rahpsody y todos los servicios legales juntos".

Puesto en marcha Grooveshark, el objetivo de buscar financiamiento y seguir la expansión fueron los siguientes pasos. Al inicio fue una experiencia negativa tras lo ocurrido con Napster y la incertidumbre de ciertas firmas de inversión en apostar por un proyecto cuyas reglas de juego todavía bordean los límites de lo legal. Pero para Greenberg, la experiencia fue positiva en el largo plazo. "Al fin de cuentas, el tipo de inversores que nosotros buscamos son los que invierten en la gente, no en nuestra idea, ni en nuestro producto, ni en nuestro potencial para conseguir dinero. Los buenos inversores son aquellos quienes invierten en el equipo".

La creación de valor y el trabajo en equipo son las dos columnas que han permitido sostener el crecimiento y éxito de Grooveshark. Y a diferencia de otros CEO, u otras startpus de Sillicon Valley, la mirada de Greenberg apuesta por la personalidad de un programador más que por su talento al momento de codificar. "A la hora de contratar, tú no estás buscando una herramienta o un set de experiencias", dice. "Tú estás buscando un ser humano, y la cosa más importante es la personalidad". Confiesa que ha rechazado numerosas personas con PhD en Computer Science, excelentes programadores con decenas de años a cuestas escribiendo código, solo por no haber encontrado en ellos la personalidad perfecta para formar parte de su equipo. Es más, asegura haber contratado a mucha gente que ni siquiera ha escrito una línea de código. "Suena loco, pero todo radica en la personalidad", enfatiza.

Hoy Grooveshark monetiza a través de anuncios y suscripciones y enfrenta su momento más crítico a nivel legal. El sueño de la startup exitosa puede verse estrellado tras la nueva ola de cambios y estrés legal propiciados por agencias estatales y transnacionales. La ley SOPA y Universal Music rondan cerca. Pero ese tema, ni las consecuencias que pueda generar la competencia, le quita el sueño a Greenberg. "En el fondo, lo importante es el equipo", señala. "Si mañana todos los sellos discográficos y todas las compañías de tecnología se asocian y lanzan un servicio que han estado desarrollando en secreto por diez años, y que resulta siendo cien veces mejor que Grooveshark, tendríamos una reunión con el equipo mañana y les diría: Okay, las malas noticias son que este modelo de negocio no es sustentable. Las buenas noticias son que aún estamos aquí, entonces ¿qué hacemos ahora?".


Escrito por

Edwin Chávez

(Post)estructuralista, narrador sci-fi, cuentista metaliterario, pixel-prototipeador, {css: lover}, poeta [01]nario.


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